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21 septiembre, 2020 in-pacient.es

Un paciente con Parkinson incorporará el ejercicio en su vida diaria como parte de su tratamiento, si está adecuadamente motivado y conoce los beneficios que éste aporta para su salud física, mental y a su calidad de vida y, especialmente, lo mantendrá a lo largo del tiempo si conoce el impacto positivo sobre su salud general y sobre los síntomas de su enfermedad, según los resultados de una nueva publicación.

Se ha reconocido que el ejercicio es un elemento clave en el tratamiento de los pacientes con Parkinson, pero existen barreras, tanto personales como de la propia enfermedad que pueden impedir que los pacientes puedan participar en un plan de ejercicio regular.

Una revisión de la literatura publicada hasta el momento sobre este tema, proporciona información de las diferentes barreras y motivaciones para que un paciente con Parkinson incorpore el ejercicio en su vida diaria como parte del tratamiento de su enfermedad.

Para un paciente con Parkinson, el ejercicio regular no solo aporta beneficios genéricos como reducción de riesgo de enfermedades cardiovasculares, sino que además, el ejercicio también tiene efectos sobre los síntomas específicos del Parkinson como atenuar los síntomas motores y también puede tener impacto positivo sobre los síntomas no motores como la apatía, la depresión etc.

Realizar y cumplir con un plan de ejercicios requiere mucho tiempo y esfuerzo por parte de las personas con Parkinson que deben enfrentarse a barreras que pueden impedir que los pacientes estén motivados a realizar de forma regular sus ejercicios. Como consecuencia, las personas con Parkinson a menudo permanecen sedentarias. Para motivar a estos pacientes a cambiar y mantenerse activos físicamente es fundamental obtener mayor conocimiento sobre las barreras y las motivaciones para realizar ejercicio de forma individual y/o personalizada.

Cuando se recomienda hacer ejercicio a un paciente con Parkinson deberemos considerar las barreras tales como: problemas de salud general (estructura y función corporal); malestar físico con el ejercicio; barreras relacionadas con los síntomas motores y también los síntomas no motores como la ansiedad, la depresión, la apatía, la  motivación, la reducción de la autoeficacia (falta de equilibrio o miedo a caerse), falta de tiempo, falta de apoyo social y familiar, accesibilidad a un lugar para hacer ejercicio, etc.

La evaluación de capacidad o incapacidad de una persona para incorporar el ejercicio en su rutina diaria es clave. Deben evaluarse también los factores personales como la “autoeficacia” o creencia de una persona sobre su capacidad para poder realizar una tarea y las expectativas que una persona tiene sobre los resultados. Por lo tanto, es  muy importante informar y concienciar a los pacientes de Parkinson sobre la acumulación de la evidencia científica en la actualidad, a cerca de los efectos positivos del ejercicio sobre su salud general y sobre su enfermedad, transformando así las barreras en estímulos para que se implique y se comprometa en un cumplimiento regular y mantenido a lo largo de los años.

Al igual que los medicamentos, el ejercicio debe considerarse como una parte del tratamiento de los pacientes con Parkinson.

Los profesionales de la salud (médicos, especialistas y enfermeras) desempeñan un papel importante sobre la educación, motivación y concienciación de las personas con Parkinson y deben abordar el tema del ejercicio durante las consultas para que los pacientes se tomen en serio la incorporación del ejercicio en su vida diaria. Se debe trasmitir cómo el ejercicio puede tener beneficios sobre la salud en general y enfatizar que más allá de esto, el ejercicio puede atenuar los síntomas motores y mejorar el equilibrio, la marcha, la movilidad general y la calidad de vida.

Aumentar el conocimiento de los pacientes sobre los beneficios del ejercicio regular y mantenido a lo largo del tiempo sobre su la salud en general, sobre la capacidad motora, la posibilidad de mantener la independencia y de retrasar la progresión del Parkinson son elementos motivadores. De igual forma debemos conocer y trabajar el apoyo familiar y social y la interacción social realizando comentarios sobre los avances en las consultas médicas.

Debemos detectar las barreras a las que se enfrenta y las motivaciones de las que dispone cada paciente de forma personalizada ya que gestionando éstas podremos alcanzar una participación prolongada en un plan de ejercicio regular y que éste pueda ayudar a modificar el curso de la enfermedad de Parkinson.

¡Si tienes Parkinson ponte en marcha y no pares!

Schootemeijer S et al. Barriers and Motivators to Engage in Exercise for Persons with Parkinson’s Disease [published online ahead of print, 2020 Aug 31]. J Parkinsons Dis. 2020;10.3233/JPD-202247. doi:10.3233/JPD-202247

 

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