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15 mayo, 2019 in-pacient.es

Se dispone de datos limitados sobre protocolos o recomendaciones dietéticas y nutricionales para los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII). Un artículo de reciente publicación realiza una revisión sobre diferentes matices de la dieta en este grupo de pacientes.

Dieta y riesgo de EII

La industrialización y el desarrollo de los países llevan hacia una dieta occidentalizada, con mayor aporte de azúcares, alimentos procesados y grasas saturadas e insaturadas y baja en frutas, verduras, fibra y micronutrientes que se asocia con el desarrollo de la EII. Además de los componentes propios de los alimentos, los aditivos como emulsionantes y espesantes también pueden asociarse al desarrollo de la EII.

Las recomendaciones para reducir potencialmente el riego de EII es seguir una dieta mediterránea o antiinflamatoria: alto contenido de nutrientes mediante el consumo de frutas, verduras, proteínas magras y grasas saludables (aceite de oliva y omega-3) y cereales enteros (en lugar de refinados). Dieta de alimentos frescos en lugar de alimentos preempaquetados. Estas dietas pueden reducir el riesgo de EII, obesidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

Percepción de los pacientes sobre la dieta

La mayoría de los pacientes creen que algunos alimentos causan recaída de la EII. Los alimentos que se han asociado a empeoramiento de los síntomas incluyen: verduras, alimentos picantes, nueces, fritos, carnes rojas, sodas, lácteos/leche, alcohol, alimentos ricos en fibra, legumbres, semillas y café. Por otro lado, los alimentos que parecen mejorar los síntomas incluyen: el  yogur, el arroz y el plátano.

Sin embargo, los patrones dietéticos son diferentes dependiendo de si tienes un Crohn o Colitis Ulcerosa, de la actividad y evolución de la enfermedad y de si tienes historia de cirugía. Es decir, que “cada persona es un mundo” y que las intolerancias o sensibilidad a los diferentes alimentos se deberán valorar de forma individual.

Algunos estudios informan que entre el 5% y el 27% de los pacientes con EII tienen sensibilidad al gluten no celíaca y entre el 8% y el 15% siguen dieta sin gluten. Esto sucede a pesar que la mayoría de los pacientes con EII no tienen enfermedad celíaca concomitante. Sin embargo, el 66% de los pacientes que intentan una dieta libre de gluten comunican mejoría en los síntomas gastrointestinales.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que las restricciones dietéticas que se autoimponen los pacientes con EII, a menudo, se asocian con ingesta insuficiente de ciertos nutrientes, lo que puede contribuir a deficiencias nutricionales serias. Las deficiencias nutricionales identificadas comúnmente en los pacientes con EII incluyen: hierro, Vitamina B12, Vitamina D y Zinc. El calcio, la Vitamina A, el ácido fólico, el potasio, el magnesio, el cobre y el selenio son menos comunes, pero pueden ocurrir en aquellos pacientes con enfermedad extensa del intestino delgado o resección del intestino delgado. Las consecuencias de las deficiencias incluyen fatiga, efectos neurológicos, calambres musculares, retraso del crecimiento, anemia y problemas en los huesos. Por lo tanto, la identificación y reposición de micronutrientes es crítica y puede contribuir al bienestar general de estos pacientes.

Los pacientes con Crohn o Colitis Ulcerosa están recurriendo, cada vez más, a dietas populares con la esperanza de minimizar los síntomas y la inflamación. Muchas de estas dietas implican exclusión de ciertos alimentos que pueden agravar o contribuir a las deficiencias de ciertos micronutrientes.

A día de hoy no hay datos publicados con evidencia científica suficiente como para establecer una dieta específica para los pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal.

Recomendaciones generales:

  • Alimentación centrada en alimentos frescos ricos en nutrientes y modificar nutrientes específicos en los momentos de actividad de la enfermedad.
  • Minimizar la toma de alimentos procesados, emulsionantes e ingredientes artificiales que pueden promover la inflamación de la mucosa.
  • Evaluación del estado nutricional y las deficiencias de micronutrientes, y suplementación basada en los resultados y dependiendo de la medicación. Idealmente esta evaluación se realizará en período de enfermedad inactiva ya que la actividad de la enfermedad puede alterar los resultados.
  • La vitamina D, el hierro, la vitamina B12 y el zinc se deben evaluar al menos una vez y aconsejable periódicamente.
  • En los pacientes con dietas de eliminación, especialmente, deberá considerarse la evaluación de Calcio, Selenio, Magnesio, Cobre, Vitamina A y Ac. Fólico.
  • Se recomienda que los pacientes en tratamiento con Sulfasalazina o Metotrexato, tomen suplementos de ácido fólico.

 

La mayoría de las deficiencias de micronutrientes se resuelven con la suplementación y el control de la enfermedad.

La modificación de la dieta basada en los alimentos puede ser un complemento eficaz para el manejo de los síntomas y la inflamación, pero se necesita más investigación para definir las estrategias dietéticas más efectivas.

Cualquier modificación de la dieta deberá realizarse de forma individual y personalizada, dependiendo del estado nutricional y de la actividad de la enfermedad en ese momento. El uso de un dietista/nutricionista especializado podrá proporcionar una planificación de comidas individualizada y abordar las preguntas e inquietudes del paciente según puedan surgir a lo largo de las diferentes etapas de la enfermedad.

 

 

Nazarenkov N et al. Implementing Dietary Modifications and Assessing Nutritional Adequacy of Diets for Inflammatory Bowel Disease. Gastroenterol Hepatol (N Y). 2019 Mar;15(3):133-144.

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