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29 mayo, 2020

Tras ser considerada una enfermedad eminentemente masculina, en las últimas décadas se ha asistido al constante aumento de mujeres entre quienes padecen de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). El aumento del tabaquismo en la mujer está entre las causas, pero no justifica por competo el fenómeno. Una revisión de las diferencias de género en la prevalencia, características y sintomatología de la enfermedad permite tener una nueva perspectiva de su realidad actual.

No solo la prevalencia de EPOC en mujeres ha aumentado en los últimos años; la morbilidad y la mortalidad también lo han hecho de manera constante. Las tasas de hospitalización por EPOC han sido aproximadamente iguales para hombres y mujeres desde 1995. Mientras las tasas de mortalidad por EPOC disminuyeron en general entre los hombres, no ha habido un cambio significativo de dichas tasas entre las mujeres. El año 2000 marcó el primer momento en que el número total de mujeres que murieron de EPOC sobrepasó el número de hombres en EEUU, aunque en parte esto fue debido al mayor porcentaje de mujeres en la población general. A partir de ese momento, se ha observado como  las fumadoras y fumadores actuales tienen riesgos relativos similares de mortalidad por EPOC.

Posibles razones de las diferencias de género

El factor de riesgo más importante para el desarrollo de EPOC en el mundo desarrollado es el tabaco. El  riesgo de desarrollar EPOC aumentó paulatinamente durante la mayor parte del siglo XX a medida que las generaciones sucesivas de  fumadores masculinos  comenzaban a fumar a edades cada vez más tempranas. El consumo diario de cigarrillos ha progresado hasta sus picos máximos a distinta velocidad entre hombres y mujeres. La prevalencia de fumadoras en los países occidentales se prevé que alcance el 20% de las mujeres en 2025 tras partir de tasas en torno al 9% en 2000.

Evidencias recientes sugieren que las mujeres desarrollan EPOC grave antes que los hombres, y con una menor exposición acumulada al humo. La mayor susceptibilidad al humo del cigarrillo en las mujeres podría ser el resultado de una serie de factores: Además de una predisposición genética específica de género para el daño pulmonar relacionado con fumar,  las vías aéreas de las mujeres son más pequeñas; en consecuencia, la misma cantidad de humo implica una exposición proporcionalmente mayor. Por último, pueden existir diferencias mediadas por las hormonas en el metabolismo del humo del cigarrillo que justifiquen el aumento de susceptibilidad.

Además del tabaco, la exposición a otros factores ambientales, fundamentalmente en el entorno laboral, como sustancias químicas, partículas y contaminantes también ha ido igualándose en hombres y mujeres conforme estas últimas se incorporaban a trabajos antiguamente reservados para los primeros. En el entorno laboral además, las mujeres han continuado relacionándose más con sustancias que causan hiperreactividad bronquial, como algunas fibras textiles y otros.

Diferencias biológicas entre hombres y mujeres

Se sabe que las hormonas sexuales femeninas influyen en la función de las vías respiratorias. La mayor susceptibilidad de las mujeres a la EPOC puede comenzar en la infancia; las niñas experimentan una reducción mayor en la función pulmonar que los niños cuando se exponen al humo de tabaco o a la contaminación ambiental. La hiperreactividad bronquial, que está asociada con un mayor riesgo de progresión y mortalidad de la EPOC, se observa en más mujeres fumadoras que en hombres en las primeras fases de la enfermedad.

Existen otras diferencias tales como la forma de presentación de la EPOC; algunos datos sugieren que la bronquitis crónica es más común en mujeres y el enfisema es más común en hombres. Además, la respuesta del sistema inmunitario femenino puede ser responsable de algunas diferencias de género observadas en la EPOC.

Diferencias en la sintomatología e impacto de la enfermedad

Varios estudios han demostrado que los hombres y las mujeres presentan diferentes síntomas clínicos de EPOC. Las mujeres parecen tener mayor posibilidad de sufrir disnea y menor tendencia a producir flema o moco. El impacto de la enfermedad sobre la reducción de peso y masa corporal también puede ser mayor en las mujeres y en relación a ello o no, se ha observado un mayor número de exacerbaciones. Por último la afectación de la calidad de vida también parece actuar en contra de la mujer que, podría ser susceptible de presentar formas más severas de la enfermedad.

La depresión y la ansiedad son las comorbilidades mejor estudiadas de la EPOC en relación con las diferencias de género. Las mujeres con EPOC demuestran niveles más altos de ansiedad y depresión, y una peor calidad de vida relacionada con los síntomas que los hombres.

A pesar de todo ello, puede haber diferencias entre hombres y mujeres en el pronóstico de las exacerbaciones agudas de la EPOC y de la enfermedad en relación a la mortalidad, que hacen que las mujeres puedan tener una ventaja en términos de supervivencia.

Diferencias en la atención y el diagnóstico.

Estudios recientes han puesto de manifiesto diferencias en la atención a la enfermedad cuyas causas todavía no han sido del todo explicadas. Las mujeres podrían tener un retraso en el diagnóstico y recibir menos tiempo de atención en las visitas al médico. Los médicos podrían tener un sesgo a la hora de diagnosticar la enfermedad, siendo más proclives a hacerlo  y utilizar espirometrías  en el caso de los hombres que las mujeres.  El peso de la asociación histórica de la EPOC con una enfermedad eminentemente masculina, podría estar detrás de alguno de estos comportamientos.

Aryal S, Diaz-Guzman E, Mannino DM. COPD and gender differences: an update. Transl Res. 2013;162(4):208‐218.

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