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30 diciembre, 2019 in-pacient.es

Una revisión de la bibliografía científica nos ofrece información sobre el dolor en personas con la enfermedad de Parkinson y nos hace tomar conciencia sobre la necesidad de la evaluación y el control habitual de este síntoma no motor de esta enfermedad que puede afectar de forma considerable a la calidad de vida de estos pacientes.

El dolor es un síntoma no motor de frecuente aparición en la enfermedad de Parkinson. Tiene características muy variadas tanto en tipo como en su distribución en cuerpo. Puede afectar entre el 24% y el 85% de los pacientes con Parkinson.

Casi la mitad de los pacientes con Parkinson han comunicado dolor moderado o intenso durante el curso de su enfermedad. Los pacientes que comunican este síntoma también son más propensos en tener depresión y una calidad de vida reducida.

En la enfermedad de Parkinson pueden aparecer diferentes tipos de dolor, desde el dolor musculoesquelético que es el más común afectando a los músculos y las articulaciones y que puede aparecer entre el 40% al 74% de los pacientes con Parkinson que experimentan dolor; El dolor radicular o de raíces nerviosas que afecta a brazos y piernas pudiendo afectar entre el 5% y el 20% de los pacientes de Parkinson con dolor; El dolor distónico que aparece en un tercio de los pacientes con Parkinson que reciben tratamientos con levodopa a largo plazo y se relaciona con los trastornos de movimiento, espasmos o calambres musculares; dolor neuropático o producido por afectación de los nervios periféricos o centrales. La polineuropatía periférica puede oscilar entre el 37% y el 55% de los pacientes con Parkinson y el riesgo de aparición aumenta en pacientes que toman dosis altas de levodopa; y por último, el dolor orofacial que incluye dolor al masticar, dolor nocturnos  al rechinar los dientes o síndrome de la boca ardiente (sensación de ardor-dolor en la boca) que puede aparecen entre el 4% y el 34% de los pacientes con Parkinson.

En estudios previos han demostrado que la gravedad del dolor se relaciona con síntomas afectivos, con complicaciones motoras, con el género femenino y corta edad. El dolor es más común en las etapas avanzadas de la enfermedad de Parkinson. Los pacientes con más de 5 años de evolución presentan 35% mayor de posibilidades de presentar dolor que aquellos con enfermedad en sus primeras etapas.

Se han descrito diferentes factores de riesgo para la aparición del dolor en la enfermedad de Parkinson, tales como: edad temprana de inicio de la enfermedad, una larga duración de la enfermedad, complicaciones motoras, síntomas depresivos, género femenino y la aparición de otras enfermedades concomitantes como por ejemplo diabetes mellitus, osteoporosis, reumatismos, degeneración articular, hernia discal, etc.

El dolor está estrechamente relacionado con otros síntomas no motores de la enfermedad de Parkinson, tales como la depresión, la fatiga, la somnolencia diurna y los trastornos del sueño.

Existen diferentes estrategias para el control del dolor en la enfermedad de Parkinson y éstas dependerán del origen y características del dolor, por lo que el tratamiento se deberá realizar en base a un estudio personalizado y según cada paciente de forma individual.

En conclusión el dolor es un síntoma no motor heterogéneo de la enfermedad de Parkinson que requiere su atención, valoración y control de forma rutinaria y continuada durante la consulta de estos pacientes ya que puede afectar de forma significativa a su calidad de vida.

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Yi-Chen T et al.  An overview of pain in Parkinson’s disease  Clin Parkinsonism & Related disorders 2020; 2:1-8

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