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9 julio, 2020 in-pacient.es

El análisis de un estudio sobre el tratamiento combinado de interferón ß-1a y Copaxone ha puesto de manifiesto hasta qué punto comorbilidades como la ansiedad, la hipertensión y la dislipemia, pueden influir en los resultados del tratamiento y en la evolución de la Esclerosis Múltiple. En relación con estas nuevas evidencias, un editorial de la revista Neurology se llega a preguntar si no es hora ya de priorizar el tratamiento integral de las personas con Esclerosis Múltiple.

El análisis realizado tuvo como objeto evaluar la prevalencia de comorbilidades en pacientes con Esclerosis Múltiple Remitente Recurrente y explorar su posible asociación con los principales aspectos valorados en la EM tales como la evolución de la discapacidad y la presencia de lesiones activas según imágenes de resonancia magnética.

Para el análisis, se utilizaron datos del ensayo clínico CombiRx, que comparó la combinación de interferón beta-1a  y acetato de glatiramer (Copaxone) con cada uno de estos agentes por separado (monoterapia) y con placebo, en personas con EMRR sin tratamiento.

El estudio incluía la evaluación de los participantes cada tres meses durante 36 meses, y posteriormente cada seis meses. La valoración de las comorbilidades se hizo de forma especial con aquellas relacionadas con la EM, como la hipertensión, alteraciones de los lípidos y colesterol sanguíneos, diabetes, depresión, ansiedad y migrañas.

De los 959 participantes, con una Edad Media al inicio de 37,9 años, más de la mitad (55.1%) tenían al menos una comorbilidad al inicio del estudio y aproximadamente dos tercios se consideraron con sobrepeso u obesidad.

A lo largo del período de seguimiento durante una media de 3,4 años, la prevalencia de cada comorbilidad y el número de comorbilidades aumentaron con el tiempo. Los participantes con más comorbilidades tenían más probabilidades de tener sobrepeso u obesidad. La prevalencia y el número de comorbilidades no fue diferente entre los grupos de tratamiento, ni al inicio del estudio ni durante el seguimiento. Sin embargo, se encontraron algunas diferencias significativas en la prevalencia de comorbilidades individuales de acuerdo con la edad y el sexo del paciente.

Al analizar la relación entre enfermedad y comorbilidades, se observó cómo el nivel de discapacidad promedio resultaba más bajo para aquellas personas sin comorbilidades en comparación con aquellos con dos o más.

Del conjunto de participantes,  739 (77,1%) tenían evidencia de actividad de la enfermedad basada en recaídas, empeoramiento del EDSS o nuevas lesiones en la RM. El mayor riesgo de actividad de la enfermedad se asociaba significativamente con la ansiedad (25% de mayor riesgo) y las anomalías de lípidos en sangre (32% de mayor riesgo). Las migrañas, por el contrario, se asociaron con un menor riesgo de actividad de la enfermedad (20% de disminución del riesgo).

La ansiedad se relacionó significativamente con un mayor riesgo de brotes, incluso después de que se hicieron los ajustes estadísticos para descartar el posible efecto de los  brotes como causa de ansiedad. La depresión también se asoció con un mayor riesgo de brote. De igual manera, a medida que aumentaba el número de comorbilidades, se observaba un mayor riesgo de aparición de brotes.

Los autores del estudio llaman la atención sobre la elevada frecuencia de aparición de comorbilidades entre las personas con Esclerosis Múltiple y concluyen afirmando que deberían tenerse en cuenta a la hora de valorar la evolución de la enfermedad y el efecto de los tratamientos cuando, por ejemplo, se analizan en el contexto de los ensayos clínicos.

El editorial acompañante al estudio, a cargo de la National MS Society, enfatiza el hecho de  que tratar a las personas con EM no debe consistir simplemente en elegir un fármaco modificador para prevenir la progresión de la enfermedad. El tratamiento del paciente debe ser integral contemplando todas las posibles comorbilidades.

Las comorbilidades a menudo se pueden modificar a través de intervenciones de estilo de vida, como el aumento de la actividad física, control del peso, reducción del estrés. Abordarlas puede contribuir a mejorar el estado general de salud de las personas con EM y reducir el riesgo mala evolución de la enfermedad.

Salter A, Kowalec K, Fitzgerald K, Cutter G, Ruth AM. Comorbidity is associated with disease activity in MS: Findings from the CombiRx trial. Neurology Jun 2020, 10.1212/WNL.0000000000010024; DOI: 10.1212/WNL.0000000000010024

Nelson LM, Bourdette D. Two decades of research: Time to incorporate comorbidity management into the care of MS? Neurology Jun 2020, 10.1212/WNL.0000000000010036; DOI: 10.1212/WNL.0000000000010036

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